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sábado, 28 de agosto de 2010

Amanece. La esfera solar se alza por encima de la meseta seca y parcialmente habitada. La ciudad es un paréntesis de prisa y actividad en un mundo que va a otro ritmo. El asfalto cubre el suelo para que los recursos humanos lleguen a tiempo a sus puestos de trabajo, trincheras en las que su obediencia es el arma con el que defender la paz social. El hormiguero ha ido construyéndose y abotargándose sobre si mismo, capa tras capa de basura y podredumbre han conformado una constelación de historias enterradas por el tiempo. Por el tiempo y por la mano de hombre. La mano del hombre, que lejos de la racionalidad que se atribuye a este, actúa obligada por otras manos que sujetan al hombre por el cuello en una maraña de manos y cuellos que algunos llaman sociedad.

Los ecosistemas humanos se expanden en horizontal, ocupando cada vez más suelo. La red que conecta a las personas con la oferta, la demanda, la democracia, el crimen y la alienación tiene que articularse con grandes canales por los que la mercancía fluya ligera. La propia circulación de las mercancías(todas las mercancías, desde los recursos humanos hasta las tuercas del 10) es un mercado que debe obedecer a la generación de riqueza especulativa, de dinero. En este mercado, crucial para el desarrollo de los demás hay varias partes distinguidas. Las mercancías materiales, bienes materiales de consumo que van de la factoría al supermercado compiten por la eficiencia entre las rígidas reglas del ferrocarril, las difícilmente rentables aventuras en barco o avión o el riesgo primitivo de la carretera y el camión. Las mercancías culturales van desde los laboratorios de control social(bien sean platós o estadios) a las televisiones por las arterias electromagnéticas de la civilización. Las mercancías humanas tanto para producir como para consumir deben moverse por los laberintos que los mercados han construido sobre el planeta. La oferta de transporte motorizado, reglado y asegurado es la más demanda en este mercado, aún no siendo la más eficiente en toda situación. El transporte de humanos en vehículos de motor implica una pérdida de la habitabilidad en las ciudades al tener que dedicar la mayoría del espacio común a la circulación de maquinaria pesada de una forma letal para los organismos vivos, inconveniente justificado por la ingente generación de capital privado que producen todos los mercados relacionados, desde el de petróleo al de neumáticos. Capital privado que alimenta un sistema económico de mercado basado en la especulación que permite que una minoría de la población mundial no sufra de desnutrición.

La ruptura es necesaria. La ruptura con este sistema en que los mercados se imponen a las necesidades debe ser en todos los frentes posibles. La principal manera de subvertir el orden financiero es con la creación de redes de producción y consumo ajenas a las reglas de mercado y estatales que vayan creando otra sociedad a su alrededor. En el mercado del transporte de recursos humanos las ciudades no ofrecen muchas alternativas por lo enconado de la situación, en la que el urbanismo del último siglo se ha amoldado a la disponibilidad de automóviles creando ciudades muy horizontales y abiertamente hostiles con opciones más pacíficas de movilidad.

La ruptura entonces se torna complicada. No podía ser de otra manera, los mercados no solo funcionan imponiendo sus criterios sino anulando los demás. Así que la ruptura tal vez por lo pronto no signifique guerra, pero desde luego si conflicto.


El conflicto

Hay una herida abierta que queremos mantener abierta hasta que suponga la muerte del mal bicho al que queremos eliminar. Haremos lo posible por aumentar esa herida, infectarla y que suponga un dolor más para el sistema. El conflicto es tomar conciencia de lo que supone el uso masivo del coche. El conflicto es ser conscientes de lo que significa el uso de la bicicleta en las ciudades infectadas por un tráfico denso crónico. El conflicto es entender el papel de las normas de circulación en el mercado del coche. El conflicto es entender el por qué del incumplimiento de las normas de circulación. El conflicto es la práctica diaria de la ruptura con la civilización del asfalto.



El uso masivo del coche

El coche es un producto útil y necesario. Pero el coche es un instrumento demasiado grande, potente y tóxico para ser utilizado en espacios con mucha población como son las ciudades. Su uso masivo supone elevadas mortalidades causadas directamente e indirectamente por el coche, supone adecuar el espacio de las ciudades a los coches en vez de a las personas y supone una agresión al ambiente natural de las ciudades por las emisiones de gas y ruido de la combustión.

La dependencia del coche de combustibles monopolizados y seguramente escasos y de una industria viciada por la corrupción de las ayudas públicas y el despotismo laboral hacen que aun queriendo un sistema de mercado el mercado del automóvil sea enfermizo de por sí.

Los coches eléctricos, verdes, de colorines o voladores aún sin ser una realidad se les puede prever la mayoría de las defectos achacados a los coches actuales, pues su uso masivo seguirá significando una agresión al espacio común en las ciudades y por tanto a la sociabilidad en ellas.



El uso de la bicicleta

No hablamos de una herramienta perfecta para el transporte, pues sus limitaciones son elevadas y manejarla tampoco es posible para toda la población, aunque sí para más gente que el coche. A corto plazo y en la inmensa mayoría de las ciudades, la bicicleta y sus derivados suponen un medio de transporte que no agrede al uso común de espacios, cuyo uso no es letal para el cuerpo humano y cuya presencia, aún siendo masiva, no altera tan brutalmente como lo hace el coche el ecosistema urbano. Tenemos la herramienta con la que romper con la dinámica tóxica impuesta por los mercados en las ciudades. Pero el uso de la bicicleta no debe reducirse a sustituir el medio, sino también la forma. Evitar que nuestra ruptura con el mercado sea rentabilizada por el mismo es importante si no queremos reforzar al mismo. Para ello el uso de la bicicleta debe ir acompañado de un uso social de la misma, compartiendo conocimientos de mantenimiento y aspirando a controlar absolutamente todos los aspectos de nuestras bicis, desde la fabricación hasta el reciclaje.



Las normas de circulación


Todos los estados tienden a regular cada vez más el uso del coche para evitar una sangría que aún así no deja de producirse. Las normas de circulación en su totalidad son motivadas por la peligrosidad del coche y su uso masivo. Sin estas normas el mercado seria socialmente insostenible, pues el uso del coche sin regular desatarían un malestar entre la población que el estado sabe que por su bien no debe tolerar. Se puede decir entonces que las normas de circulación existen para asegurar la existencia del mercado del coche pues sin ellas sería un mercado insostenible tal y como existe hoy.

Planteemos el supuesto de la desaparición de estas normas. Tras una explosión de malestar por los muchos accidentes la demanda de coches bajaría drásticamente pues usar el coche(y salir a la calle) se estaría convirtiendo en cosa de suicidas. Las propias compañías productoras tendrían que verse obligadas a adaptar los coches que ofrecen a una situación en la que los accidentes deban ser mínimos y los que haya no sean mortales si quieren seguir vendiendo o simplemente existiendo.

Al final, acabarían produciendo bicicletas. A lo sumo, bicicletas a motor.



El incumplimiento de las normas de circulación


La ruptura con el mercado del coche implica por un lado romper también con los resortes que lo sujetan en el día a día y por otro dar ejemplo de como se circularía en un escenario menos hostil. Es por ello que andar por la ciudad en bici de forma respetuosa con otros ciclistas y peatones en cruces es la base sobre la que se construye otra forma de transporte. Es por ello también que saltarse las regulaciones necesarias para el uso del coche son una muestra de superioridad por parte de una forma de transporte mas adecuada. Saltarse un semáforo en bici con la precaución con la que se hace en cualquier cruce debe dar a entender que los semáforos no son necesarios cuando no vas en una tonelada de metal. La marginación de la bicicleta en trozos verdes de la acera, la regulación de la iluminación de la bicicletas o la necesidad del casco son fenómenos producidos exclusivamente por la violencia que el uso masivo coche ejerce sobre la bici y no por el peligro que la bicicleta entraña en sí misma. Si no queremos el coche, no queremos ninguna de sus consecuencias.


Seamos claros, no nos da la gana ponernos casco porque vosotros seáis un peligro.


Somos coches sobre la acera y peatones sobre la calzada.


En bici hacia otro mundo.


Valladolid, Agosto 2010


lunes, 8 de febrero de 2010

Material de apoyo al ciclista urbano

Encuentro por internet la iniciativa de una escuela donde aprender a circular en bici con seguridad. A grandes rasgos es una clase de circulación, dos horas de paseo en bici de consejos y recomendaciones sobre circulación, por donde ir, que no hacer, consejos en caso de accidente...

http://biciescuelagranada.blogspot.com/


Y por supuesto muy interesantes los documentos que elaboran, tanto de crítica al carril bici como de circulación urbana.

Manual urbano de seguridad ciclista


Charla: "En bici sin carril bici. Consecuencias del carril bici urbano"
(video de la charla y dossier)

viernes, 11 de julio de 2008

Sobre el uso, el abuso y la necesidad del automóvil

Y cuando aparecieron su misión parecía evidente. Gracias a aquellos artilugios las comunidades humanas no necesitarían ser grandes ciudades, pues la gente podría vivir fácilmente en pueblecitos y comunicarse con aquellas maravillosas máquinas capaces de correr más que los ferrocarriles. Solo había que crear unas buenas carreteras y sería cuestión de tiempo que todos los pueblos estuviesen comunicados y la población viviese en idílicas villas perfectamente abastecidas. Y paso el tiempo. Y aquello se olvidó.

Y hoy nos sentamos en un banco de cualquier calle a ver pasar los coches, y a pensar:

Las grandísimas ciudades superpobladas no solo siguen existiendo, sino que tienden a crecer aún más. No es porque aquella quimera fantasiosa se abortara al resultar que aquel invento del automóvil era tan falso como la piedra filosofal. Todo lo contrario, el automóvil se desarrolló, dio trabajo y dio dinero. Pero no revolucionó las vidas de la gente, como hacen los verdaderos inventos, sino que a la larga nos esta dando problemas.

El automóvil es una herramienta. Técnicamente, es un vehículo de motor, que no requiere esfuerzo físico de ningún animal para ser utilizado, solo la concentración en el manejo del auto. El invento se mueve con un combustible fósil, el petróleo. Quema el mismo y obtiene una energía que manipula y convierte en velocidad y potencia. Desde luego es un gran ingenio tecnológico, eso es innegable. También hay que reconocer los avances en ergonomía, que hacen más tentador vivir en algunos coches que en muchas viviendas. Y si a eso le sumamos el buen lugar que en nuestra sociedad, por desgracia, tiene poseer un coche, tenemos una verdadera joya bastante asequible para mucha gente. Y es en este punto en el que se difumina su naturaleza de herramienta para convertirse en mercancía de lujo. El lujo de conducir, de mirar a los demás desde una ventanilla. Tú y los tuyos, o tú y lo tuyo. Nada más. Esa deformación en el concepto del automóvil va unida fuertemente al concepto de propiedad de tipo burgués, asociando como siempre propiedad con libertad. Ahí se toca un punto crucial en lo sociológico del automóvil: confundir la parcial autonomía que otorga con la Libertad. Y aquí entra otra distorsión asociada al automóvil. Afirmar, como se afirma, que poseer un automóvil da Libertad es darle a un objeto un valor espiritual que lo convierte en aún más deseado, como el cetro del sacerdote o el collar de cuentas del jefe de la tribu. La Libertad es un atributo humano, y si bien es cierto que el automóvil proporciona libertades a la hora de moverse, hay que recalcar que el automóvil, como cualquier otra herramienta, canaliza la voluntad de quién la usa, como lo hace un pincel, una espada o un martillo. Toda herramienta da al hombre la posibilidad de usar su Libertad innata. Pero la Libertad no está en la herramienta, esta en quién la usa.

Esto ocurre con otros objetos tecnológicos: el teléfono móvil, la televisión, el ordenador…distintas herramientas que en según que ámbitos reciben un desmedido uso y suponen un negocio formidable para aquellos que se lucran continuamente con este sistema económico. Aquellos a los que no les importa sacar beneficio de la guerra, de la droga, del agua…A ellos les interesa que se ponga de moda un objeto para lucrarse con el, sin importar el peligro que conlleve, siendo cierto que con el teléfono móvil o la televisión los efectos negativos producidos no son tan devastadores como los del coche.

En el caso del coche parece mentira que haya que decirlo: no trae bienestar. El que posee un coche se ve asfixiado normalmente por la gran cantidad de problemas que surgen debido a su mantenimiento. El uso masivo del automóvil produce tales atascos y colapsos en el transporte que el uso del coche es manifiestamente contraproducente. La atmósfera creada en torno al automóvil es perniciosa para la vida por la emisión de gases producidos en la combustión, y tiene un resultado inmediato: huele mal. La cantidad de espacio que ocupa es tan exagerada que ya se construyen bloques de pisos exclusivamente para coches, a parte de la cantidad de suelo destinado ya no a su uso, sino a su desuso mientras están aparcados. Y la más grave de todas: que la gran potencia de la que alardean es letal para todos los animales que conviven con la máquina. En ciudad se producen cientos de atropellos, con una gran cantidad de víctimas, a parte de las producidas en los inseguros trayectos.

Y más aún. La gran explosión del automóvil ha fomentado un estilo de vida que resulta insultante para aquella idílica utopía planeada un siglo atrás. El modelo de vida asentado en bastas urbanizaciones entorno a ciudades, o entorno a centros comerciales. Miles de viviendas de varias plantas, idénticas e individuales, con unos metros de naturaleza privada y un buen espacio para guardar el vehículo. Un modelo que aprovecha todo lo posible del coche, pues un transporte colectivo eficiente para toda la extensión de la urbanización es muy poco económico por la poca gente que habita en tanta extensión y otros medios de transporte quedan desechados con vagos motivos. Así que se hace obligatorio tener al menos un coche para ir a trabajar, a la escuela o al centro comercial a ver a los vecinos. Demencial. Todo un negocio montado sobre una base tan endeble como la existencia de una herramienta formidable que a la vez es un juguete peligrosísimo. Cientos de personas que se encadenan a la confianza de utilizar esa máquina todos los días de su vida para las cosas más nimias, cientos de personas vulnerables de que un pequeño fallo, como la escasez de combustible, que pueda hacer del modo de vida que han escogido un camino sin salida.

Otro punto es el poder que el automóvil tiene en las ciudades. Tal vez este sea el punto en el que el automóvil usado como medio de transporte individual alcanza las cotas más altas de peligro y disparate. En cualquier ciudad el estatus del coche es de dominio. En la gran mayoría de las calles urbanas un 60% de la calle corresponde al automóvil, entre aparcamiento y calzada. Y en ciudad, donde el transporte colectivo puede ser completamente eficiente y respetuoso, resulta absurdo el uso(o abuso) que se hace del coche para cualquier cosa. Pero sin duda lo más perjudicial del automóvil en ciudad es la desproporción con que se usa la herramienta. En la mayoría de los casos me estoy refiriendo a vehículos con potencia suficiente para recorrer kilómetros en un puñado de segundos, característica irrisoria en ciudad pero que pone de manifiesto la exagerada potencia que tienen los vehículo que se usan a día de hoy en ciudad. Es como si para hacer un agujero en la pared de mi casa en vez de usar un taladro, uso un cañón, haría un agujero, sí, pero provocaría muchas más molestias que ventajas al usar ese procedimiento. Lo mismo pasa con el coche en ciudad. Y aunque se plantean modelos de vehículos más pequeños, más orientados al uso urbano, la potencia sigue siendo un derroche, y su tamaño sigue siendo excesivo para la necesidad que cubre.

Todo esto, como ya ha sido resaltado en este texto, está mantenido y defendido por aquellos que llevan el negocio que supone, más que la creación de automóviles, la especulación con el combustible. A parte de otros negocios adyacentes como es la creación de grandes urbanizaciones, el negocio del petróleo como combustible es algo que entra en política mundial. En el sistema capitalista se puede ver con nitidez a gente de cualquier cultura cerrando pactos comerciales, mientras difunden el pánico colectivo hacia el diferente utilizando motivos religiosos, históricos o lo más común, mediante un escaparate ideológico muy útil para hacerse con el poder que los estados aún brindan. A los grandes jeques del petróleo no les importan estas líneas, pero al resto de la población, que sufre esta y otras tantas lacras adheridas al sistema le conviene saber que todos sus negocios están conectados, pues son las mismas personas las que los llevan. Periódicos, fábricas, armamento, automóviles, petróleo, religiones, estados…casi todo está en las mismas manos, por lo que la oposición al negocio que ellos hacen de nuestra necesidad de trasportarnos y abastecernos es algo necesario para defenderse de su permanente agresión. No hay democracia ninguna en los aspectos económicos de nuestra vida. Si necesitas una herramienta para moverte por una ciudad y su alfoz con autonomía tienes que elegir entre muy pocas opciones, cuando con los medios técnicos alcanzados podríamos poseer una amplia gama de instrumentos. ¿Por qué no se desarrollan medios de transporte mas ajustados a las necesidades prácticas de la población? ¿Quién interviene en los procesos de diseño de los automóviles? ¿En base a qué los hacen como los hacen, orientados a rendir mucho con unas gotas de combustible, en vez de desarrollarlos con más facilidad para ser controlados y no tanta potencia?

Sorprende ver cómo juegan con nosotros, cómo un día el cambio climático no les conviene y al día siguiente sacan una variedad de vehículos “ecológicos” y contra el cambio climático, vehículos que cumplen absolutamente con todas las molestias de un vehículo no “ecológico”. Si un mensaje se emitía y se emite al respecto del calentamiento global es que hay que reducir drásticamente el consumo, no seguir consumiendo con el mismo frenesí cosas “ecológicas”, y sin embargo la alternativa que se nos ha presentado por parte de las multinacionales es la creación de esa línea de vehículos. Y la respuesta de los estados ha sido secundar la estrategia de las empresas y proteger y abaratar esta nueva línea de coches. Este ejemplo de cómo pueden utilizar una reivindicación justa para su propio beneficio es una muestra de que este tipo de problemas radicales requieren soluciones radicales, que supongan un cambio más allá del problema concreto que se quiere solucionar. Para combatir todos los efectos nocivos del automóvil no hay que acabar con el automóvil y ya está, hay que acabar con la estructura que lo defiende y nos lo impone si o si. Hay que democratizar este tipo de tecnologías, ponerlas bajo el control de la población y que así una herramienta nunca transcienda de su papel para convertirse en un capricho.

Pero evidentemente se pueden ir tomando alternativas inmediatas frente a la agresividad del coche en la ciudad. Y es que hay otros medios de transporte que hay que fomentar y defender, así esta la bicicleta y sus derivados o el transporte colectivo en ciudad y entre ciudades. Alternativas que llevan tiempo presentes y que van extendiéndose entre la población como útiles para el día a día. Y sin olvidar que por naturaleza tenemos una excelente capacidad para desplazarnos andando a donde queramos, tan excelente como la de acomodarnos en un mullido asiendo que nos lleve hasta el matadero.


martes, 13 de mayo de 2008

Invitación a los colectivos ciclistas: reflexión acerca de sus reivindicaciones.

Este ensayo de granadaviaverde

Es un poco largo, pero merece la pena el análisis que se hace del transporte y las alternativas que presenta.

Y una foto para que se reflexione:

jueves, 21 de febrero de 2008

Reflexiones desde el margen derecho de cualquier carretera

Voy a proponeros un juego, una actividad estimulante con moraleja. El juego se puede hacer mientras paseas, andas con la bici o mientras miras por la ventana. Sitúate cerca de una carretera transitada y atiende a la circulación, mira coche por coche e intenta llevar la cuenta de cuantos consideras realmente necesarios. Para aclarar la diversión del juego pondré el ejemplo de cómo juego yo.

A diario me toca esperar unos cinco minutos un semáforo para pasar una calle siempre llena de coches. Durante ese rato voy mirando el contenido de cada vehículo. Al cabo de un rato considero haber visto suficiente y poder concluir que de todo el volumen de autos que han pasado berreando por delante mio, cerca de un 30% son vehículos de empresas(furgonetas, camiones…), un par de autobuses y coches particulares con niños o al menos con dos personas dentro. Sí, el resto, cerca de un 70% de todos los coches que pueden pasar por 3 carriles, en 5 minutos, a las 14 horas, son coches particulares en los que solo va el conductor. Aquí empieza lo divertido, una vez hechas las estimaciones con respecto al tráfico toca reflexionar sobre ellas. Sí, lo divertido del juego es reflexionar, pensar. ¿Que no lo es? ¿Quién dice que pensar no es divertido? Bah, a quién no le divierta pensar es que no ha pensado nunca.

A partir de ahí pueden pensar en lo que quieran, pero por no dejar el ejemplo anterior voy a seguir con lo que a mi se me pasa por la cabeza:

“¿En qué momento paso esto?¿cuando el coche se volvió contra nosotros?¿cuando dejó de ser una herramienta?¿merece la pena tanto muerto, tanto gasto, tanto riesgo…? Yo entiendo que en una zona rural, para viajes grandes, sea necesario tener un transporte algo rápido y cómodo que te permita moverte, eso puedo entenderlo. Además, yo no voy a ser nadie para decirle a alguien que vive a 15 kilometros de su trabajo como tiene que ir…lo que me parece harto absurdo es la cantidad de gente incapaz de dejar el coche quieto o usarlo solo para lo necesario. La de gente que hay incapaz de moverse de otra manera. Y no estoy exagerando y lo se, pues está dentro de la mentalidad de mucha gente. Cuando salen a la calle y les molesta tener que esperar al semáforo, al autobús por culpa de un atasco de coches, les molestan los pitidos y los olores en vez de pensar en el porque de todo estoy y como acabar con ello, piensan en lo cómodo que se va dentro, con la radio alta y las ventanillas bajadas. Como en la tele. Tal vez ese sea el problema. La sociedad del “¿te gusta conducir?” no es capaz de verse afectada por un problema que al año deja entre 4000 y 6000 muertos más que en 40 años ha dejado la pandilla de terroristas protagonista de todos los telediarios. Hay 130000 afectados por accidentes de tráfico al año en este estado ¿Qué pasa?¿tan necesario es que merecen la pena 6000 sacrificios humanos al año?

La respuesta es siempre la misma, endurecer las penas, las multas, bajar la velocidad, ponerse el cinturón…dentro de poco obligarán a ir con casco en el coche y listo. Nunca solucionarán el problema con multas porque es el problema es el concepto de coche. El coche es una herramienta, un útil. Si se le convierte en un juguete, se le tratará como tal y la gente jugará a conducir. Es como si un objeto tan normal como un teléfono se convirtiese en un objeto de consumo con accesorios y modelos que compiten entre sí, cuando no deja de ser más que un teléfono. Y la gente se regale teléfonos en las fiestas, y presuma de teléfono como distinción de clase y poder económico….Vaya, que ejemplo más malo que he ido a poner, pero creo que valdrá.

En fin…yo seguiré yendo en bici y a pie, pues me siento orgulloso de haber nacido bípedo, e intentaré como hago ruralizar la ciudad como mejor síntoma de progreso. Si he de intervenir en la historia, este será mi frente….”

Y a partir de ahí mi mente se diluye en otros campos no incumbentes al juego que vengo a plantear. Para mí el juego acaba ahí, y la moraleja la intento expresar en este blog de peatones.

En los comentarios espero veros a todos, ¡que se que habéis entrado!







viernes, 25 de enero de 2008

Un conductor pide 20.000 euros a los padres del joven al que mató
El demandante dice que no necesita el dinero, pero tampoco lo quiere perder


Un conductor pide 20.000 euros a los padres del joven al que mató
El demandante dice que no necesita el dinero, pero tampoco lo quiere perder

El demandante, Tomás Delgado Bartolomé, aseguró ayer en una conversación telefónica que no fue una decisión fácil. "Era la única manera de cobrar el dinero. Y me esperé hasta el último día de plazo para decidirme: "Yo también soy una víctima en todo esto, lo del chaval no se puede arreglar, pero lo mío, sí".

"Eso ya fue la estocada final, una gran puñalada", relató la madre de la víctima, Rosa Trinidad, que vive con su marido, Antonio Iriondo, en la localidad vizcaína de Durango. "Antes de la demanda, pensábamos que el pobre tendría que cargar con la muerte de mi hijo toda su vida. Con eso se quitó la mascara".

Flores en la carretera
Enaitz Iriondo murió con 17 años el 26 de agosto de 2004 en la carretera comarcal de Castañares, en La Rioja, donde sus amigos y familiares siguen dejando flores en su memoria. Veraneaba ahí con sus padres y su hermana en un camping cercano al municipio. "Se quedó un poco más porque unas chicas se lo pidieron", explicó una amiga suya que estaba en el camping esa noche. El joven volvió sólo en bicicleta, de noche, sin chaleco reflectante ni casco, según explica el informe técnico del accidente de la Guardia Civil.

El juzgado de instrucción que llevó el caso desestimó la denuncia penal, al valorar que no hubo "infracción criminal" en el comportamiento del conductor. "Nos dieron tres días de plazo para recurrir", explicó la madre. "Nosotros estábamos destrozados. Y nuestro abogado nos aconsejó que nos olvidáramos de la vía penal y fuéramos por la civil". Recibieron una indemnización de 33.000 euros, pagados por la aseguradora del coche, Winterthur Seguros, que reconoció "la existencia de un exceso de velocidad en la conducción del Sr. Delgado que pudo contribuir al accidente", según reza un escrito que la empresa envió al tribunal.

Además de hacer frente a la demanda civil del hombre que atropelló a su hijo, los padres siguen luchando para reabrir la causa penal. "No queremos dinero, queremos justicia" aseguran.

Delgado considera que su demanda es legítima porque "alguien tiene que pagar". El conductor dice que tampoco necesita el dinero. "Soy empresario industrial", afirmó. "No es que los 20.000 euros me hagan falta, pero no tengo por qué renunciar a ellos", explicó antes de culpar a "las aseguradoras" de lo ocurrido. "Era la única manera de recuperar el dinero", argumentó también en su defensa el abogado Santiago Gimeno García. "Teníamos que demandar a los padres para demandar a la aseguradora". Gimeno no logra explicar con claridad por qué su cliente ha demandado a su aseguradora, Winterthur Seguros. "Entendemos que la compañía tenía que haber indemnizado a mi cliente", apuntó.




Claramente, este tema trasciende el tema contra el coche, esto es fruto de la estructura social, dado que este infame personaje es un acomodado empresario, pero creemos que en este espacio debe estar esta sorprendente noticia que nos atañe.

lunes, 14 de enero de 2008

Saludos

Con este blog se pretende difundir una serie de mensajes útiles para el día a día de todxs aquellxs que sufrimos el coche en nuestras ciudades todos los días. Esta es nuestra introducción:


"Doscientos años han pasado desde la revolución industrial que llenó el mundo de maquinitas, dividió a la humanidad en nuevas clases y transformó el modo de vida de los seres de la tierra a una velocidad impredecible. Hoy en día vivimos en una época de consecuencias de toda aquella época de expansión industrial, y estamos en un mundo en el que existen comodidades nunca vistas a cambio de una deshumanización y una agresividad contra la naturaleza siempre presentes. En este sentido el supuesto progreso no va hacia delante, no nos trae el bienestar que se supone tiene que traer. Nosotrxs en la ciudad vemos como se impone un modo de vida estresante, rápido y sobre todo INCÓMODO. Y este modo de vida tiene un claro protagonista: el automóvil.

El automóvil es la punta de la lanza del progreso industrial. Una máquina que nos permite movernos grandes distancias en tiempos relativamente cortos y lo que lo denota más, que es un trasporte individual, para un reducido grupo de personas que van en él. El coche necesita carreteras, autoescuelas, guardias, señalización, aparcamientos…y con todo lo que en el coche se invierte, es una de las mayores causas de mortalidad en el mundo tocado por el progreso industrial, y sin incluir sus repercusiones internacionales de guerras, mareas negras, mafias, imperios… Pero el coche implica mucho más que eso. El coche ha implicado un modelo de urbanismo insostenible social, ecológico y económicamente. Se apuesta por la ciudad de poca altura, o de las casas individuales. Por cada vivienda un coche o más y por tanto miles de kilómetros de asfalto entre los edificios y de aparcamientos por debajo de ellos. El automóvil también ha implicado un ritmo de vida insano, en el que no se anda y se debe de ir deprisa para aprovechar una vida demasiado saturada.

Cuando nos posicionamos en contra del coche nos posicionamos en contra de ese modo de vida, en contra de vivir deprisa y morir de golpe. Nos posicionamos a favor de unas ciudades verdes, en las que poder pasear sin que tu vida peligre. A favor de unos barrios vivos y habitables. A favor del progreso, que hoy en día no es ni más ni menos que avanzar hacia un modo de vida menos saturado, más humilde y más respetuoso. Y para avanzar hacia ello hemos de ganarle terreno al automóvil. Expulsarle del centro de nuestras ciudades, expulsar de nuestras vidas la necesidad de usarlo optando por la bici, el trasporte público o nuestros pies. Un trasporte público de verdad, que compita con el automóvil, gratuito y eficaz. Un trasporte público solo posible en caso de que el coche retroceda de sus agresivas posiciones.

Menos coches desatascarán la ciudad. Menos coches traerán mayor movilidad. Menos coches traerán mucha más salud.

Por ello y por más:

¡Abajo el coche!

¡Arriba los peatones!

¡Arriba la bici!

¡Bus gratis!"